cuaderno de restauración del Retablo de la Inmaculada Concepción

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[Nomenclatura RT9]

22 DE MARZO

La mañana del martes salimos desde El Escorial muy temprano para evitar los atascos al cruzar Madrid y acortar algo el viaje desde Ávila. Ese día teníamos que viajar a Chodes, Tauste y Zaragoza, y en todos los esos sitios ya teníamos fijada la hora a la que reunirnos.

Desde la plaza al interior de la iglesia emanaba un depurado sentido del orden.

En algunas ocasiones tan solo puedes valorar las obras mediante fotografías, y no facilita el hecho de no conocer el entorno. o realizas una visita en condiciones poco propicias, o la obra supera las expectativas que se tiene previamente sobre ella. Al llegar la visita estaba perfectamente sincronizada. Miguel, nos esperaba en el interior de la iglesia y nada mas entrar comenzamos tomando nuevas fotografías, comprobando las medidas , y valorando visualmente el retablo. Las prisas no dejaron tiempo a mucho mas.

Conforme nos alejábamos teníamos la impresión de que todo había ido demasiado rápido, sin saber si algún día volveríamos al depurado entorno de la plaza. Y es que cuando eres capaz de percibir la belleza, no puedes evitar sentir la seducción que ejerce, tenga la forma que tenga.

22 DE ABRIL

Hoy llegó la notificación con la adjudicación del servicio de restauración del retablo.

Desde el día 1, cuando nos comunicaron la propuesta, hemos ido atendiendo las solicitudes del Ayuntamiento a través de Carmen, quien ha ido allanando los complejos procesos electrónicos para quien, como nosotros, estamos más habituados a las técnicas artísticas que al lenguaje informático

6 DE AGOSTO

Entre los rigores de este sofocante verano, el primer sábado de agosto nos acercamos nuevamente a ver el retablo. Necesitábamos hacernos un esquema mental sobre el entorno en el que disponer el centro de trabajo. Así pues, nos acercamos para tomar una serie de medidas destinadas a planificar la organización del taller de restauración dentro del espacio disponible, la disposición del andamiaje y otros medios auxiliares necesarios para acometer los trabajos de carpintería y el taller de restauración.

Ya en octubre, pasadas las fiestas del día de san Miguel, comenzaremos los trabajos de restauración, alterando el sosiego al que están más acostumbrados en el templo. La intención es que en fechas cercanas a la navidad puedan tener libre nuevamente el crucero y poder contemplar el retablo ya restaurado.

DEL 3 AL 7 DE OCTUBRE

El lunes día 3 comenzamos la semana desplazándonos a iglesia para iniciar la ejecución material del servicio.

Al medio día comenzó el trasiego de personas y materiales dentro de la nave. El movimiento de bancos, enseres y las protecciones de los bienes muebles cercanos al retablo alteró la imagen sosegada del transepto. Ya el miércoles de la semana anterior habíamos quedado con el párroco para almacenar en las dependencias anexas a la iglesia una parte de los materiales que de nuevo amontonamos en la nave central.

Cuando ya todo parecía tener cierto orden, nos decidimos a realizar la serie de catas previas donde determinar el tipo de disolventes más acorde a la limpieza de los oros, por ser la superficie más extensa del retablo.

Por la tarde picamos parte del suelo para extraer la mesa del altar que aparecía embutida en el solado. Tras liberar esta parte de la carpintería, pudimos retirarla y comprobar su estado de conservación. Sin la mesa pudimos comprobar el sistema de montaje, y como el sotobanco se reduce a dos pilares en los laterales cuyas deficiencias constructivas suponen un riesgo para la estabilidad del retablo. Parte de los materiales que asumen la carga no poseen la resistencia física suficiente debido a su actual estado de conservación. De hecho, son las propias secciones de madera del banco las que terminan por asumir el trabajo mecánico incrementando la posibilidad de fractura.

En cuanto a la mesa del altar, es sin duda una de las partes de la mazonería que presenta peor estado de conservación por los constantes aportes de humedad capilar procedente del suelo. Esta humedad ha favorecido la presencia de insectos xilófagos debilitando la madera. También la degradación de la madera produce la separación de los estratos superficiales, que además presentan un mayor número de aplicaciones de aceites, goma laca junto a otras deposiciones de suciedad que alteran la imitación de jaspeados en su terminación.

Las fotografías siguientes muestran distintas catas o reservas durante la limpieza de los jaspeados, así como el estado del soporte previo a su consolidación, o la reconstrucción de piezas de nueva carpintería y los aprisionados para realizar los ajustes y encolados necesarios de la pieza.

El martes montamos el andamio pudiendo acceder al resto de la superficie del retablo. Tras comprobar el sistema de construcción y montaje, decidimos desmontar la zona del ático pues de otra forma era impensable extraer la pintura sobre tabla para su tratamiento independiente. Nos sorprendió encontrar numerosos residuos de cera en esta zona del retablo, donde se supone que el acceso es mucho difícil por la dificultad que entraña la altura. Es evidente que su acceso debió ser relativamente usual, y que la advocación de la Virgen del Pilar supuso numerosas muestras de piedad cuyo resultado más prosaico dejó el dorado cubierto por goterones de cera.

Goterones de cera superpuestos sobre la superficie dorada en una de las volutas del ático

El andamio también nos permitió retirar la carpintería repuesta en la zona central, la correspondiente a la modificación de la hornacina del primer cuerpo. Esta parte había sido transformada en una especie de camarín con elementos que probablemente puedan situarse en el decenio de 1960. Suponemos que la oscuridad de la pintura de la Inmaculada junto a la mayor profundidad que el retablo presenta (al menos si lo comparamos con el retablo de la cabecera de la nave de la epístola, su pareja) favorecieron esta modificación y la introducción de la nueva talla.

Esa nueva talla ya no se encontraba en el retablo al comenzar el proceso previo a su restauración, o al menos nosotros nunca la hemos visto en ese lugar durante las visitas previas. Lo que si es necesario retirar son los postizos que transforman la hornacina pues habrá que planificar cuales son las necesidades de carpintería y el material necesario para revertir la modificación, y revelar la calidad de la pintura que aparece casi oculta en este momento. Retirar la carpintería sin producir nuevos daños en las partes originales supone ir desmontando pieza por pieza toda la madera repuesta, con el fin de conocer cual había sido el sistema de montaje, los adhesivos, uniones o enjarjes realizados entre la mazonería original y los elementos repuestos.

Ese lienzo central, el de La Inmaculada Concepción, es la advocación que da nombre el retablo, y todo el repertorio iconográfico que aparece en él está, de una u otra forma, relacionado con esta imagen central. De ahí la importancia de restaurar ese espacio, no solo por las implicaciones estéticas que alteran la similitud entre ambos retablos, sino por recuperar la lectura iconográfica que revele su comprensión religiosa.

DEL 10 AL 20 DE OCTUBRE

Estos diez últimos días han venido marcados por las fiestas del día del Pilar. El miércoles doce partió la primera de estas semanas alterando horarios y el engranaje que facilita la sucesión de las tareas de la restauración. Además, resolver la incógnita de la estancia o las vías de los suministros ha supuesto sumar nuevos tiempos ralentizando el trabajo. Lo que sí hemos intentado es finalizar el proceso de conservación de la mesa del altar, montando las piezas del frente y asegurando su carpintería, o revisando la estabilidad de sus estratos superficiales. Las siguientes fotografías muestran como se adhiere nuevamente una de las grandes lascas situada sobre la unión de dos chillas sobre el frente curvo.

Volviendo al retablo, dio tiempo a desmontar el entablamento junto a las pilastras, cerramientos y columnas situadas a los laterales de la hornacina del primer cuerpo. Precisamente aquí observamos una singular aplicación técnica empleada en la construcción del retablo. Nos referimos a la utilización de un cajeado corrido por el que se desliza el entablamento, y como si se tratará de un carril, permite que la pieza no pierda su posición vertical en la organización constructiva del entallado. Esta novedad explica, o al menos está relacionada, con el desmesurado peso del entablamento. Así, evitando cualquier desviación del centro de gravedad el peso del entablamento asegura el sistema autoportante incluso sin los amarres que aseguran su posición en el testero.

Nada más desmontar el entablamento tomamos las siguientes imágenes de los querubines. En ellas vemos claramente el estado de conservación en el que aparecían: la acumulación superficial de polvo, clavos de aseguramiento, pérdidas de los estratos superficiales, fractura de piezas encoladas, etc. Si somos capaces de abstraernos de esos desperfectos, si miramos bajo los barnices descubriremos una delicada policromía que iremos recuperando durante el tratamiento. De hecho, la fotografía en estas ocasiones resulta ser un eficaz instrumento documental para nuestra memoria, pues sus imágenes nos devuelven un pasado cercano pero ya inexistente.

DEL 24 AL 28 DE OCTUBRE

Ayer comenzamos la semana bajando una de las piezas más delicadas del retablo, lo que contrasta con su volumen y peso. Podemos decir que con ella finaliza la parte crítica del desmontaje. Retirar la hornacina supuso mover una carga considerable dado que las secciones de las piezas talladas que la componen son de madera maciza. Además, el lienzo no está montado sobre un bastidor sino un soporte similar a los empleados para la pintura sobre tabla añadiendo mayor lastre a la hornacina.

La verdadera sorpresa de la semana surgió el miércoles tras desmontar el lienzo del soporte de madera sobre el que aparecía. Sorpresa porque el soporte en realidad era el cerramiento primitivo de la hornacina. Al retirar el lienzo apareció la superficie lisa y brillante del oro. El dorado mostraba en su centró la silueta revelando la forma de la talla que inicialmente ocuparía ese lugar. Es habitual por el elevado precio del oro que estos cerramientos solo se dorasen (o esgrafiasen o estofasen) cuando fueran a ser vistos. Por ese motivo aparece el recorte o silueta y coincidiría con la escultura que originalmente completaría el retablo.

Cuál fue entonces el momento en el que se varío el contenido de la hornacina. Esta cuestión es importante, pues para disponer el lienzo en la posición que aparecía, fue necesario desmontar el retablo al menos hasta el nacimiento del cuerpo central. También pudo suceder que nunca hubiera estado esa escultura en ese lugar, que un cambio en el programa artístico variara, casi a punto de finalizar el encargo, el contenido de la hornacina.

Además, aun hemos de averiguar si el retablo con el que forma pareja poseía una modificación similar; aunque el retablo de la cabecera de la nave de la epístola no es exactamente igual al nuestro. En su caso, muy probablemente nunca llegaría a albergar una escultura, pues el fondo de su hornacina no posee la profundidad suficiente como para incluir una talla de bulto redondo.

Supongo que daremos alguna vuelta más a ese tema estas próximas semanas pero por ahora hemos de seguir trabajando.

Así, hemos continuado con la conservación y limpieza del oro de la mazonería aún sin intervenir. También hemos comenzado con la realización de los refuerzos del banco, y la carpintería de piezas nuevas.

En cuanto al oro, en distintas piezas hemos localizado hasta tres tipos de repites. Uno de ellos podría ser una intervención muy antigua y nos llama la atención la terminación cuidada de este tipo. Está característica diferencia lo que es un repinte con características generalmente discordantes respecto al estrato original.

El jueves retiramos la bancada, cubierta de polvo como estaba tras el desmontaje del resto del retablo. La holgada sección de su carpintería ha sido la mejor garantía para la estabilidad de su montaje. Como ya podíamos intuir, la madera dispuesta como meseta del sotobanco sobre la que descansaba el peso del retablo, no tenía la suficiente resistencia pues la acción de los xilófagos había debilitado su capacidad técnica.

Al retirarla pudimos contemplar la imagen que había permanecido oculta desde finales del siglo XVIII, junto a la pared, la pintura de Santo Domingo de Guzmán. Su estado de conservación nos sorprende, pues no presenta ninguna falta, como si nadie, ni el tiempo hubiera reparado en ella.

Terminando de sacar esas fotos estábamos cuando apareció la visita de los técnicos de la DPZ. Siempre es un motivo de alegría parar para poder conversar de nuestro trabajo. Tratamos de transmitir las variaciones y progresos que rodean cada acción, procesos que en ocasiones resultan monótonos cuando pasas las horas cara a la madera, pero cuyos resultados son capaces de llenarnos de asombro. Coincidir además con personas capaces de aportar puntos de vista distintos y compartir esas emociones resulta tremendamente reconfortante.

DEL 31 DE OCTUBRE AL 4 DE NOVIEMBRE

De nuevo una semana marcada por un día festivo, el de Todos los Santos. Variar el horario de trabajo ha marcado la organización durante estos días. Sin embargo, ese aparente desorden no se reflejó el miércoles cuando tuvimos la sensación que los trabajos estaban encauzados como si nada hubiera pasado.  

El lunes realizamos las tomas ultravioletas del grupo pictórico del retablo. Con ellas terminamos el estudio reflectográfico del mismo, nos queda interpretar las tomas y redactar las conclusiones. Esta técnica fotográfica exige la utilización de “luz negra”, con exposiciones largas, superiores a los seis minutos para cada una. Además, trabajar en un entorno de casi absoluta oscuridad con varios trípodes de por medio, implica explorar esa torpeza innata que nunca deberíamos descubrir.

El miércoles comenzamos a limpiar los oros de la predela, y con ella terminamos la mazonería dorada. El cambio supone pasar a trabajar sobre la diversidad tonal de las pinturas situadas en el banco.

Mientras tanto, se estaba realizando el saneamiento de la bancada de obra, repicando las partes deterioradas del testero y machones que definen la bancada. Después del saneamiento de estas partes se han repuesto los morteros nuevos, y una vez reconstruido la altura de los machones, se dispuso una meseta de madera terciada suficientemente estable para servir como base del retablo. Esta obra además de recuperar la estética de la bancada, gracias a una albañilería especializada, es capar de establecer una barrera eficaz ante la humedad procedente del subsuelo.

El jueves continuamos con la limpieza de las pinturas del banco. A pesar de estar todas ellas en la misma situación, dependiendo de la accesibilidad de las mismas podemos establecer diferencias en cuanto a la consistencia del estrato de suciedad. La de santo Domingo de Guzmán, al permanecer oculta contra la pared, es la menos alterada, mientras que la de san Francisco de Asís, es donde mayor es el número de aplicaciones de barnices y ceras. La resistencia y grosor de este estrato ha marcado la dificultad durante la limpieza de estas pinturas.

La verdadera sorpresa ha sido descubrir el potencial estético que las pinturas han ido adquiriendo al tiempo que revelaban su policromía y recuperan la potencia del claroscuro. Es evidente que el protagonismo del banco estará de nuevo en las pinturas una vez restaurado el retablo.

Y el jueves comenzamos con el asentado en la pintura sobre tabla del Ático. El soporte había sido consolidado y estabilizado previamente. Tras unos días retornaremos a su intervención para comprobar la eficacia de este proceso.

De todo el grupo de pintura, solamente nos queda intervenir en el soporte textil, que por sus diferencias y patología, requiere de un tratamiento específico. Desde hace días estamos valorando el método para la eliminación de las deformaciones del lienzo. Existen varios procedimientos válidos, pero de nuestra pericia depende seleccionar el tratamiento capaz de revertir las distensiones visibles, siendo mínimamente invasivo, y sin necesidad de repetir una y otra vez el proceso hasta lograrlo. En ocasiones olvidamos que cualquier actuación sobre una obra de arte es ya una situación de stress para los materiales originales, y cuando los restauradores intervenimos, de nuestra eficacia depende la estabilidad futura de la pieza.

DEL 7 AL 11 DE NOVIEMBRE

Otra vez lunes y de nuevo desplegamos el taller en el transepto de la iglesia. Ya hemos automatizando las tareas y, sin apenas dudarlo, comenzamos comprobando los resultados conseguidos con las últimas intervenciones, cerciorando su validez antes de continuar con el tratamiento.

Liberamos la pintura sobre tabla de los pesos dispuestos para evitar la memoria plástica, retiramos las protecciones temporales y los residuos de cola porque queríamos acometer su limpieza casi de inmediato.

Hemos comprobado los buenos resultados obtenidos con la eliminación de las deformaciones del lienzo. Eso nos permite avanzar con su conservación y adherir los refuerzos perimetrales.

Esta misma tarde, casi sin esperarlo, apareció el transportista con el nuevo bastidor, así que, si terminamos la colocación de los recrecidos, mañana mismo podremos realizar el montaje de la tela. Además, esta semana finalizaremos algunas partes del entallado, y apetece ver algunos resultados tras más de un mes desde que iniciáramos los trabajos. Si como imaginamos se concluye la rehabilitación del banco, es probable que en breve pueda colocarse sobre la meseta, y tras esa piedra angular sobre la que asienta el retablo, podremos comenzar su montaje.

El martes, después de estos días grises, la iglesia parecía invadida por una luz difusa y cálida. Durante la mañana me dediqué a realizar los recrecidos de la tela. Estos refuerzos procuran una mayor tenacidad en el perímetro del lienzo permitiendo el montaje en el bastidor. Por la tarde ya era posible comenzar con la limpieza del lienzo, y Dorothea fue alternado el trabajo de la limpieza en ambas pinturas.

El lienzo es una de las pinturas de mayor calidad del retablo.

Generalmente las representaciones de la Inmaculada sitúan a María en un rompido de nubes radiantes, luminosas. Aquí no sucede así. Siempre pensamos que estábamos ante una escena tenebristas aunque durante la restauración hemos visto como no es exactamente así. En realidad, la limpieza nos ha ido descubriendo como la figura de María es el origen del que irradia la luminosidad de la composición. La luz emana de su rostro, de sus manos; da forma al fondo, dibuja la silueta de las nubes y revela las figuras de los querubines diseminados a su alrededor. Esa luz flota entre las figuras y recuerda claramente al Doxa griego, el renombrado símbolo bíblico que significa «Gloria». Por tanto, la verdadera sorpresa ha sido descubrir cómo esta transcripción tan fidedigna de la concepción de María según la escolástica transciende mediante la pintura a la categoría de arte.

Los últimos dos días de la semana los hemos dedicado a repasar el estado de las pinturas, y realizar el estucado previo a la reintegración. Estamos convencidos que la próxima semana se irá definiendo la imagen del retablo conforme avance la restauración.

DEL 14 AL 18 DE NOVIEMBRE

Esta nueva semana continuamos con la reintegración cromática de las pinturas en el retablo. Tras aplicar la protección sobre el oro, desde el martes se ha ido realizando el entonado en las piezas del entallado. El movimiento de piezas es continuo durante esta semana, sobre todo porque los elementos de la mazonería son numerosos y se necesita espacio para distribuir correctamente las piezas y evitar movimientos innecesarios.

Esta última revisión del entallado ha servido para realizar los refuerzos necesarios para la estabilidad de las piezas, y planificar cuales serán definitivamente los sistemas idóneos para la fijación de las piezas y los anclajes al muro. Al mismo tiempo se concluyen algunas piezas de carpintería que, por alguna razón, quedaron sin tallar en el momento en el que se pusieron.

En cuanto al montaje, esta semana se están dando los últimos retoques a la bancada, sobre todo en cuanto a los acabados de la misma. Se han dispuesto los sistemas de aislamiento que se plantean como medida de conservación preventiva del retablo.

Como ya dijimos, también hemos insertado en el muro el espejo con la inclinación necesaria para permitir la visión de la pintura de San Domingo de Guzmán, de otra forma quedaría oculta al montar el retablo como sucedía antes de la restauración. También en el banco se ha insertado un carril, realizado con carpintería mixta de madera y aluminio, sobre él descansará el lienzo de la hornacina central.

Finalmente, el miércoles, tras realizar un barrido fotográfico de la superficie, se dispuso el banco sobre la meseta. Con la ayuda de los niveles hemos podido situar la posición exacta de esta parte esencial del retablo. Parece que estamos en el mismo momento que el viernes pasado, pero en realidad se han solventado numerosos inconvenientes que nos van a permitir realizar un montaje ágil, y esperemos que con una enorme precisión.

Antes de finalizar la semana colocamos las jambas de la hornacina, y el lienzo de la imagen titular. Se han dispuesto los amarres que aseguran el lienzo en su posición al fondo de la hornacina; y finalmente completando la parte superior de la hornacina se colocó el arco dorado. Por fin comenzamos el montaje.

DEL 21 AL 23 DE NOVIEMBRE

Desde principio de semana fuimos revisando cada una de las piezas antes de su colocación en el retablo. Terminamos tallado algunas molduras que, quien sabe por qué razón habían quedado sin alisar en su momento. Aun dio tiempo a descubrir algunos dibujos en el reverso de uno de los aletones del ático, el que vemos parece representar la imagen frontal de un capitel.

El martes, a primera hora, vivieron los técnicos de la Diputación para comprobar el estado del montaje y compartir otros puntos de vista sobre los acabados. De nuevo se agradece sentirnos refrendados por sus palabras.

Hoy es uno de esos días donde cada movimiento que hacemos se refleja en el montaje del retablo. Durante estas semanas toda la intervención parecía no tener un reflejo claro sobre el propio retablo. Es más, el retablo era casi una ilusión, pues desmontado, era una idea en la que trabajábamos, a la que tratábamos de acercarnos, pero sin tenerlo presente. El montaje nos emociona porque pone una referencia visual a nuestras horas de trabajo.

El martes estábamos todos preparados, incluidos Carlos y Héctor. Entre todos fuimos elevamos el entablamento hasta encajarlo en su sitio. La pieza tiene un tamaño considerable y, además de su peso, requiere de cierta habilidad para encajarla en los carriles y cajas que los carpinteros habían previsto para su montaje. Estando ya arriba, fuimos situando en su situación el entablamento comprobando como iban coincidiendo e insertándose los machihembrados casi sin esfuerzo. Sin duda era uno de los momentos más críticos del montaje, tanto por el tamaño de la pieza, y por las complicaciones que podría presentar al realizar su acople. Después de esto, procedimos a nivelar el cuerpo central y colocar los anclajes para su fijación al testero.

El ático está formado por piezas de secciones menos voluminosas y fáciles de manipular. Tras el tamaño de la mazonería del cuerpo central, el montaje del ático solo planteaba la dificultad de encontrar el sistema con el que asegurar la posición de la pintura sobre tabla en el tímpano..

DEL 5 AL 12 DE DICIEMBRE

Tras superar una semana donde alternamos las fiestas con los trabajos de oficina, finalmente hoy hemos regresado a la iglesia.

Hemos terminado de tallar la ultima moldura del ático, y hemos ido descendiendo, revisando la superficie del retablo hasta llegar nuevamente al suelo. También allí se completó la moldura perteneciente al zócalo de la mesa del altar.

Ya durante la última semana cada movimiento de piezas completaba una nueva parte del mismo. Conforme se eleva el retablo divisábamos el final del trabajo. Hemos visto cómo se vaciaba la capilla empleada para almacenar la mazonería. Durante la intervención, cada una de los elementos arquitectónicos del retablo han sido cuidadosamente tratados hasta recuperar su unidad formal, su resistencia estructural, y revelar sus acabados. El montaje ha ido devolviendo pausadamente las piezas a la situación de origen, perdiendo parte de la identidad individual que estos meses han tenido. Columnas, pilastras, aletones van desdibujando su perímetro integrándose en un conjunto mayor formando de nuevo el retablo.

El retablo, durante estos meses, solo era una idea a la que pretendíamos aproximarnos, pues desmontado, no existía como tal. Hoy, tras dos meses de intervención, casi sin darnos cuenta coronamos el ático finalizando su montaje.

21 DE DICIEMBRE

La tarde del martes regresamos a la iglesia para tomar las fotografías finales del retablo. Llegamos alrededor de las seis, con la intención de no tener luces desde las ventanas y evitar brillos indeseados. Cuando finalmente tengamos las fotografías ya editadas, podremos ver el estado final, y comparar las diferencias con la imagen inicial.

Hoy hemos vuelto nuevamente a la iglesia, quedamos con Héctor para retirar los andamios y los últimos enseres almacenados en el interior. Sobre las dos y media cerramos la iglesia y devolvimos la llave.

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