[Nomenclatura RT10]


El retablo de san José, antes y después de su restauración.
La capilla donde se sitúa el retablo es obra del siglo XIX; siendo ejemplo de la arquitectura historicista o revivals madrileña. En la cabecera se encuentra el retablo de san Jose.
El retablo es una pieza barroca, del ¾ de siglo XVIII, realizado en madera de pino tallada y principalmente dorada, con elementos en plata bruñida y policromía. Su planta se adaptó a la forma convexa del ábside donde se situara en origen. La preminente hornacina, rematada con medio cupulín de talla calada, condiciona la división del retablo, destacando el cuerpo central frente a los laterales. Horizontalmente se divide en tres calles separadas por columnas apoyadas sobre ménsulas y sosteniendo un entablamento partido. En la parte superior el ático de medio punto se articula mediante nervaduras cubiertas por rocallas vegetales. En el tímpano, aparece la faz del Cristo sobre el paño de la Verónica.
El cuerpo central posee en su hornacina preminente la escultura de San Jose y Jesús niño; las calles laterales sin embargo, no conservan las esculturas sobre las ménsulas.
El retablo es anterior a la construcción de la capilla, y procede de un templo distinto. Si nos fijamos en el sotobanco, su carpintería se ejecutó exprofeso para acomodarlo, haciendo coincidir su panta con la base angulosa del retablo.
En el estuche que corona el ático aparece la cruz dominica, Ordo Praedicatorum, única indicación sobre su patronazgo, aunque queda por determinar su procedencia geográfica. Su salida y ubicación actual puede relacionarse bien con la desamortización eclesiástica de Mendizabal (1836-44), o bién como consecuencia de la guerra civil iniciada en España tras el fallido golpe de estado el 18 de julio de 1936. En este último supuesto, está documentada la desaparición de dos conventos Dominicos en la ciudad de Madrid. El primero de ellos, el Convento de La Pasión, fue exclaustrado en 1808, bajo la desamortización de Jose I, y derribado en 1813 para la ampliación de la calle Toledo, San Millán y Maldonadas, siguiendo los planes urbanísticos bonapartistas. El segundo de ellos es el Convento del Rosario, cuya comunidad lo abandonó en 1936. Fué ocupado por milicianos durante los acontecimientos previos a la guerra civil. Gran parte de su patrimonio artístico desapareció en ese momento.








Las siguientes imágenes muestran la talla antes de su restauración.






La escultura titular, estilísticamente pertenece a un momento anterior. Podría ser del siglo XVII tanto por la forma escultórica, el tipo de vestimenta o las técnicas desarrolladas en la policromía. La escultura recuerda a las creaciones vallisoletanas de los seguidores de Gregorio Fernández donde aparecen las figuras exentas, de José y el Jesús niño, dispuestas sobre una peana única. La policromía intercala esgrafiados y estofados sobre oro; junto al paño resuelto en una amplia gama de verdes que recuerda a las tapicerías venecianas de motivos fitomórficos, dibujando cenefas con zarcillos de acanto, de colores contrastados.
VIERNES, 5 DE MAYO
Comenzar un trabajo implica adaptarse a nuevos materiales, terminaciones y un marco concreto de deterioro. Además de un nuevo entorno y clima que no dejo de sorprendernos. Pasamos de una primavera de temperaturas veraniegas a un inicio de verano marcado por copiosas lluvias, casi ininterrumpidas durante seis semanas, suavizando la subida de las temperaturas en esta segunda primavera del año. En junio, a consecuencia de esta retardada primavera fueron subiendo paulatinamente las temperaturas hasta la eclosión del termitero que suponíamos inactivo. Desde la solera fueron avanzando, cimentando el túnel terroso -a razón de 40cm al día- desde el sotobanco hacia el retablo.
Fue necesario contar con el trabajo de una empresa especializada para la contención de la colonia, pues los medios químicos de los que disponemos son insuficientes sin la localización del termitero y un tratamiento específico de este tipo de insectos sociales.
Dado que inicialmente la capilla estaba temporalmente destinada a almacén debido a las obras de rehabilitación que afectaban a gran parte de las construcciones de la hacienda, comenzamos el tratamiento trabajando en el reverso. En el lado del evangelio existe una portezuela por la que se accede al ábside semicircular permitiendo intervenir en el trasdós del retablo.
Comenzamos realizando la limpieza de polvo y suciedad superficial, eliminando clavos y los refuerzos deteriorados, inservibles por su falta de capacidad mecánica, empleados durante el montaje. Esta acción permitió distinguir entre la madera original del retablo y las partes repuestas durante el montaje y adaptación del retablo a esta capilla.
Se trata de paños de cerramiento situados en el sotobanco, en ambos laterales de la mesa del altar. En cierta forma se integran en el sistema constructivo del retablo. Al tratarse de elementos de carpintería moderna, la falta de resistencia mecánica aconseja la sustitución por otros con características técnicas suficientes para ejercer su carácter portante. Igualmente se retiraron los añadidos en el frente, como un alero que modificaba la superficie de la mesa del altar. Este impedía ver con claridad la propia mesa y, tras los cambios litúrgicos tras el Concilio Vaticano II, no tiene utilidad alguna, devloviendo su volumetría a las medidas primitivas.



De nuevo en el reverso, se aplicó un producto consolidante de la madera. Se realizan impregnaciones periódicas, introduciendo la resina consolidante en las zonas degradadas. Se trataba de restituir la resistencia mecánica de las partes alteradas por los xilófagos. El número de impregnaciones varía dependiendo del nivel de degradación de la sección de madera en concreto. Además, se ha agregado un biocida, con capacidad curativa y preventiva, para erradicar la actividad de los xilófagos.
Simultaneaménte, se realizaron los refuerzos de carpintería necesarios para estabilizar el retablo, y la tendencia al alabeo de algunas de sus piezas. En la hornacina se levantó un pilar con capacidad suficiente como para asegurar su estabilidad. Existen muchas formas de hacerlo, pero quien ha visto el pabellon de Japón de Tadao Ando, seguramente ya no puede pensar en la carpintería de otra forma.


Se han sustituido los anclajes de unión entre la carpintería de la ventana y el retablo. Unos tirantes de mayor resistencia sustituyen a los primitivos. Al desvincular la carpintería de la ventana de las tensiones que genera la sujección del retablo, asegurarmos la conservación de la vidriera atada hasta el momento a movimientos inesperados por el asentamiento del retablo.



En el anverso, la carpintería aplicada trato de fijar distintas molduras corrigiendo en parte torceduras y alabeos, o rellenando fendas de secado y rajaduras efecto de las tensiones remanentes sobre la madera durante el envejecimiento.


La limpieza físico-química fue sin duda el proceso más complejo de la restauración, en especial los dorados por las manipulaciones a las que se ha sometido el estrato original. La superficie que veíamos al iniciar el tratamiento ya había sido sometida a numerosas reparaciones, por lo que el nivel de limpieza del oro ya se había conseguido. Esa limpieza anterior había retirado las lacas y corlas originales, y las restauraciones posteriores habían añadido sustratos dorados completando las partes deterioradas.
Pero la forma usual para igualar los distintos tipos de oros repuestos fue introducir una pintura amarilla logrando el entonado general de la superficie, razón por la que inicialmente presentaba ese aspecto amarillento tan marcado. Este tipo de reparación de dorado mate, sin dorar, se conoce con un simple dar de amarillo, y se emplea desde la época de Isabel II y hasta los años sesenta del pasado siglo. Consiste en aplicar distintas veladuras de barniz y pigmento amarillo sobre los oros antiguos, economizando en oro, y en tiempo de realización.
La limpieza comenzaba sabiendo observar la superficie anteponiendo, por encima de la idea previa, los resultados de una reflexión continuada durante el contacto con el retablo. Disponer de la suficiente habilidad como para ir adaptando con precisión las técnicas de limpieza en función al sustrato de la pieza donde se interviene.
Estos añadidos no se limitaron solo a la superficie dorada, sino que repusieron tallas que muy probablemente no aparecían en el retablo original. Esto sucedía con las rocallas de las columnas que delimitan la calle central. Durante el tratamiento se eliminaron estas partes y se procedió resanar nuevamente los fuste con oro de 23 ¾ k.




Bajo las distintas reparaciones de los dorados, y en parte de la carpintería, adivinamos las consecuencias de un incendio como origen de sus lesiones. Este hecho, motivaría su traslado al emplazamiento actual, y una completa intervención de reparación del retablo. Se recrecieron los laterales, ampliando y retallando parte de los bajorelieves, similares a los gofrados valencianos, adaptando el perímetro a la forma del abside donde actualemente se exhibe. Estas modificaciones afectan en mayor medida a la mesa del altar, que se completa con la carpintería del sotobanco, intercalando piezas originales y restauradas.




