[Nomenclatura PM5]

La saleta de la Capilla de las Reliquias posee una sencilla decoración delineando unos finos contornos dorados sobre el trazado de su arquitectura. Una serie de leyendas ilustran y completan la ornamentación de sus muros blancos, perfilados con oro. La capilla alberga buena parte de las reliquias del oratorio privado de Magdalena de Ulloa, patrona de la iglesia colegial, quien atesoró un valioso número de reliquias de la cristiandad. Precisamente, para salvaguardar estos restos, testimonios notorios de la historia convulsa de los primeros cristianos, en el luneto situado sobre la puerta de acceso, se trascribió el texto con la referencia a la bula papal expedida por Sixto V, el franciscano Felice Peretti, en 1585.

Por Bulla de su santidad, el Papa Sixto Quinto, despachada en Roma en trece de septiembre, de 1585, está puesta excomunión maior, ipso facto incurrenda, reservada su absolución a la Sede Apostólica si no es en el artículo de la muerte, contra los que hurtaren, o quitaren reliquias, o otra cosa, por mínima que sea, de este sagrario y de la iglesia y sus Sacristías. Y también se prohíbe, con el mismo precepto, el prestarlas dichas reliquias y al(h)axas de la iglesia.


Hemos que tener presente que a finales del XVI, frente a esta élite instruida, el segmento de la población con compresión lectora no era muy relevante. Un texto resultaría encriptado para gran parte de los fieles; mientras que una escena figurativa sería capaz de transmitir un mensaje directo y descriptivo.
Entonces, por qué introducir la inscripción, o inscripciones, como única decoración arquitectónica en el interior de la capilla. Quizás porque toda esta creación contrarreformista es fruto de una mirada erudita de la antigüedad clásica.
Así pues, sin un intermediario capaz de descifrar el texto, los visitantes apenas podrían leer la bula. Los sacerdotes, los hombres instruidos de la época, serían esa piedra angular. Por ese motivo la presencia de las inscripciones acrecentaba el carácter críptico de los restos sagrados, e infundían en la conciencia de los fieles un sobrecogimiento piadoso.
MORFOLOGÍA DEL LUNETO

El enlucido lo forma un estrato de yeso, homogéneo, bien distribuido y alisado, de aproximadamente 3(±1)mm. de grosor. Sobre el enlucido aparece un segundo estrato, casi sin cuerpo, un fino tendido de yeso muerto sobre el que se caligrafía el texto.
La inscripción está pintada sobre ese último enlucido, sirviendo el blanco de yeso como fondo de la leyenda. El oro no evidencia ningún tipo de preparación, como si pueden tener otros motivos lineales de la capilla.
El texto se realizó alla prima, aplicado a pincel sobre el enlucido de yeso. Apenas quedan visibles las huellas de las líneas de encaje, necesarias para proporcionar el tamaño de las letras y acomodar la distribución de las líneas en la superficie del luneto.
Mediante luz rasante podemos ver los rehundidos correspondientes al esquema sobreinciso. EL trazado recorre casi como un esqueleto ondulado la superficie, y sirve como guía autógrafa.

En el interior de las letras redondas podemos ver el agujero correspondiente a la punta del compás con la que fueron trazados. Algo más difícil resulta localizar las guías horizontales, incisiones que se hicieron para señalar la altura del texto.

Incluso podemos ver algunos raspados realizados cuando por error, se equivocaron al caligrafiar el texto. Estas huellas nos ayudan a configurar, al menos mentalmente, el sistema o modus operandi empleado durante la rotulación del luneto.

PATOLOGÍA
El buen estado de conservación de la capilla ha permitido que los muros permanezcan sin apenas pérdidas. Fortuitamente, donde mayor es el número de desperfectos es en el luneto donde se sitúa la inscripción. El paramento, en planta, marca el encuentro entre la primitiva fábrica de la nave colegial y la capilla de las Reliquias. La intersección entre obras de distinta cronología favoreció las filtraciones de agua procedentes de la techumbre.
Los aportes de humedad fueron generando la deformación de los yesos mediante fenómenos hidroclásticos dilatados en el tiempo. El abombamiento del enlucido, incapaz de contener su propio peso, pone en peligro la estabilidad de la superficie. Las grietas que recorren las deplacaciones fracturan la superficie por lo que el peligro de colapso es real, con la consiguiente la pérdida del texto de la inscripción.
Estas grietas pueden tener un origen haloclástico; de hecho, es posible observar yesificaciones formando costras bajo el tendido. Las pérdidas permiten observar el interior de la exfoliación entre morteros donde se aprecian sulfataciones y otras sales cristalizadas. La extensión de los abombamientos, debido al peso de la deplacación, pone en peligro la estabilidad del estrato ante una mínima variación de las condiciones climáticas del entorno.




CONSERVACIÓN DE LA INSCRIPCIÓN
Una vez instalado el taller, el andamiaje ha permitido acceder a la superficie mural sobre la que completar el estudio inicial. Se comienza realizando el acotado de la superficie para concretar los alzados sobre los que sitúa la alterografía, los tipos y distribución del deterioro observado. Se documentaron las lesiones macroscópicas, y otras singularidades de la superficie mural mediante fotografías.


Junto al estudio inicial intercalamos la preconsolidación de los estratos altamente inestables o en ciclo de desprendimiento.
El abolsamiento central es mayor de lo inicialmente previsto. Fuimos practicando la protección temporal de las áreas degradadas mediante su engasado, asegurando la estabilidad de la zona durante la consolidación de las deplacaciones. La consolidación consiste en cohesionar nuevamente el muro con el enlucido donde se sitúa la inscripción. Para eso se abren diversas vías donde inyectar el mortero de adhesión. En todo momento se controla la resistencia y uniformidad del estrato original ante el aporte húmedo de los morteros inyectados, así como la cadencia y peso del adhesivo introducido. Sólo tras esa intervención de emergencia y la estabilización parcial del estrato mural es posible retirar el polvo y la seda de araña de la superficie mural.




Desde ese momento se intervino mediante la inyección de morteros líquidos. Debido al número de deplacaciones, y la separación con la sillería del soporte, la introducción de los morteros supone uno de los procesos más extensos de la intervención. Los elevados niveles de humedad ambiental, y la dificultad para su evaporación, incrementaron los tiempos de curado. Entre los días de introducción del adhesivo era inevitable dejar periodos de secado para permitir a cementación y reducir la humedad en el paramento.

Tras finalizar la inyección, se completan y rellenan los yesos del enlucido perdido con morteros de restauración. El tratamiento continuó realizando la limpieza, desde la más superficial hasta el empleo de medios químicos en el caso del oro.
Para concluir se planteó un sistema de reintegración cromática que facilitara la lectura del texto conservado. A priori, no se contempla la reconstrucción de parte del texto perdido sobre los nuevos morteros, pues debemos ser críticos a la hora de restaurar. Es fácil realizar una reconstrucción mediante una rápida abstracción mental; incluso empleando sencillos procedimientos informáticos. Pero sobre el original, la reparación supondría una manipulación de la escritura al completar signos y no permitir otra interpretación distinta a la del texto restaurado.


Por tanto, mediante la reintegración tratamos de potenciar las partes desgastadas del oro, favoreciendo la percepción de los signos gráficos, y facilitando su lectura. En el caso de los morteros nuevos, matizamos los blancos en algunas lagunas llamativas mediante tramados tipo rigattino.
El entonado y reintegración del oro ha permitido obtener una imagen final homogénea del luneto. Hemos intentamos no fraccionar la unidad de la capilla, evitando con esta intervención una diferenciación radical entre el luneto restaurado y el resto de los morteros e inscripciones en su estado original.



