tras de san Pedro

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Cuaderno de restauración

15 de marzo de 2024

Ayer se formalizó la adjudicación de la restauración de la portada. Nosotros en realidad no nos enteramos hasta un día después pues la red wifi, aun siendo mundial, adolece de las vías necesarias como para enlazar las lindes de Aragón con la agilidad que posee en las ciudades.

21 de marzo

Llevamos ya varios días analizando atentamente el proceso de la restauración contenido en el Proyecto. Tratamos de significar el texto, cada frase, e ir asumiendo y transformando en acciones cada uno de los puntos expuestos. Con ello comenzamos a esbozar la programación adaptando la secuencia de los trabajos a nuestro particular orden restaurador.

Unos días antes, el viernes día 15 , durante la visita al ayuntamiento, abordamos numerosas cuestiones relativas al mecanismo burocrático, que nunca deja de sorprendernos por su escrupulosa complejidad, y todo para que finalmente, o desde el principio, podamos hablar de la portada.

Entre todas esas instrucciones iniciales surgió finalmente una cuestión técnica: la necesidad de contemplar la prescripción de la Comisión provincial del patrimonio cultural referente al uso del hidrofugante en la portada.

Es cierto que desde hace años la aplicación de hidrorepelentes se fue introduciendo en gran parte de los materiales porosos empleados en la edificación. De alguna forma, las ventajas de su resultado inicial junto a la estandarización de su empleo, facilitó su introducción en la intervención sobre bienes culturales. Quizás este sea el motivo que la hidrofugación aparezca integrada como un tratamiento usual en la programación de los trabajos de restauración de edificios.

Sin embargo, los restauradores tendemos a ser muy restrictivos respecto a su empleo en los bienes de culturales, y por extensión, de los derivados órgano modificados de las siliconas. Al no disponer de una metodología real que garantice su reversibilidad, se suele limitar su uso a artefactos muy concretos, donde se cuenta con un marco previo de conservación adecuado, o cuando, excepcionalmente, se dispone de los medios suficientes para modificar el entorno hasta controlar las vías de acceso de la humedad.

En nuestro caso eso no sucede. La portada forma parte de un inmueble donde es posible percibir la ascensión de la humedad desde el subsuelo. La incapacidad real de contener esta vía de introducción de agua al núcleo pétreo no parece compatibilizarse con la acción hidrofugante.

A esta reflexión llegamos a través de esa prescripción inicial que, por otra parte, responde a los criterios seminales de la restauración, aunque en ocasiones nos puedan parecer encriptados.

19 de abril

Esta primera semana ha sido extraña, con escasos resultados respecto al estado inicial. Tras varios días dedicados a trabajos de documentación, el lunes iniciamos el tratamiento, eliminando las cuñas situadas a ambos lados de la puerta. Con la retirada de estos añadidos nos acercamos al trazado original de la portada, a una imagen cercana a su génesis.  

La portada está realizada en sillería de piedra, rematada por un frontón rebajado y partido. En su centro aparece el nicho con la escultura de san Pedro. De todo eso hablaremos más adelante.  

Porque al situarnos ante la puerta, lo primero que llama la atención es la sensación de que el pórtico pareciera hundirse respecto al plano de fachada. 

Es lógico ese retranqueo, porque con él se consigue un poquito de distancia en una calle angosta y umbría. Lo que resulta más original es cómo la fachada de ladrillo, mediante un abovedado, parece cobijar la obra de piedra. 

De nuevo el barroco, tan cercano a nosotros y a veces tan enigmático. Su arte nos invita a reflexionar sobre lo que vemos, sobre el sentido del orden. Porque nada es lo que parece. 

Es durante el barroco cuando se trastoca el orden de las cosas. Hasta el siglo XVI lo usual en muchas fachadas era que las figuras rectangulares contengan a las circulares. Desde los alfices góticos o mudéjares, a las formas más elitistas del renacimiento, observamos, revisada, esa fórmula estética enmarcando puertas y ventanas.  

Si esto es así, ¿qué conserva de clasicismo la fachada para resultar armoniosa? La clave está en su proporción, en el módulo que rige la distribución de las medidas. Parte de un rectángulo perfecto para la construcción del vano central.  

Puede parecer increíble que intente hablar del hueco de la puerta, tanto como puede parecer increíble que exista un rectángulo perfecto. Pero existe. Puede que nos suene raro, pero no es tan lejano.  

Cuando cogemos una hoja de papel, utilizamos un formato estándar, usualmente de tamaño DIN-A4. Aunque no se note, estamos ante un papel cuya medida, normalizada, posee la misma relación entre sus lados que la empleada ¡hace trescientos años! por el arquitecto de la portada: la proporción áurea. ¡Casi de golpe, descubrimos cómo no estamos tan lejos de ser griegos! 

Es verdad que los movimientos de la piedra terminan por desdibujar el perímetro, o que la anchura de la calle no permite contemplar con facilidad el pórtico. También la puerta, al tratarse de una reposición no se alinea como debiera, y nos distrae de la percepción equilibrada que inicialmente tendría. Pero la realidad es que su trazado responde a esa relación numérica que desde la antigüedad se tenía como paradigma de la perfección: la divina proporción. 

26 de abril

La semana ha estado marcada por la fiesta del día de san Jorge, y con el puente, hasta el miércoles no retomamos los trabajos sobre la portada. Seguimos centrados en la parte superior de la portada, en la mampostería de ladrillo, tratando de liberar la superficie de la cerámica del nutrido estrato de capas de cal superpuestas. También se van saneando grietas, mechinales o lesiones que interrumpen el ritmo regular de la mampostería.

Con apenas trescientos años, el ladrillo presenta un número muy elevado de encalados, pero bajo la cal, nos acercamos a una piel que terminará por mostrar cual fue su aspecto original. Ese punto de observación no resulta fácil de conseguir. Entre la cal, y el polvo que se genera durante su retirada, saber ver requiere una evaluación constante donde discernir entre lo que es evidente -la pared de ladrillo- y aquello que resulta más frágil: los estratos superficiales.

Acercarnos al pasado requiere salir a ciegas, sin saber a dónde se quiere llegar, porque las expectativas determinan caminos demasiado concretos que sesgan su investigación. Aquí, lo concreto, esta oculto, y debemos dejarnos sorprender, incluso cuando el resultado no sea el esperado. Así pues, las repuestas sólo se encuentran en el monumento, en los vestigios que aun conserve la superficie. Otra cosa será que seamos capaces de interpretar esas señas.

10 de mayo

Tras las fiestas de la semana anterior, hemos centrado nuestros esfuerzos en la limpieza de la mampostería del ladrillo. Comenzamos desencalando la zona del intradós, la parte interior del arco, y el encuentro con la obra de piedra. Los movimientos que sinuosamente redibujan la fachada dejan, tras eliminar las reparaciones modernas, numerosas fracturas en las piezas cerámicas. Es necesario adherir todas las partes antes de aplicar cualquier tratamiento en la zona. Con el fin de consolidar la parte interna, introducimos una resina adhesiva dentro del paramento, para facilitar la conexión de sus materiales. Una vez consolidado el muro, cerramos las grietas y fisuras, y eliminamos los huecos que fraccionan el paño de ladrillo.

En la portada, casi todas las grietas de esta zona parecen muy antiguas. La presencia de gran cantidad de polvo o telarañas en su interior hace suponer que estamos ante fracturas producidas por un asentamiento más cercano a la época de su construcción que a la actual. Los materiales que eliminamos de la superficie del ladrillo delatan los distintos momentos en los que se realizaron las sucesivas reparaciones.

La verdad es que, cuando desnudamos el paramento de añadidos, reparaciones y elementos modernos, cuando nos situamos ante los materiales originales, se tiende a pensar más en los desperfectos, en los restos fraccionados, que en su posible restauración. Resulta casi asombroso pensar cómo la meticulosidad del trabajo de restauración puede recuperar el conjunto sin necesidad de reponer ni una sola pieza.

El jueves comenzamos a retirar los residuos de cal situados sobre el ladrillo mediante un sistema de microproyección, para recuperar la superficie de los materiales vistos. También esta semana se ha retirado la escultura de san Pedro, con el fin de facilitar el tratamiento de la escultura y la intervención en la hornacina. 

17 de mayo

Durante esta semana hemos continuado con la restauración de la parte superior de la portada, reconstruyendo los tendeles en la obra de ladrillo. Antes de comenzar su tendido se hicieron varias pruebas evaluando el grosor de las llagas, la forma en la que aplicamos el mortero invadiendo las imperfecciones del ladrillo colindante o recortando linealmente su perímetro, la profundidad y anchura de los gramiles, y los encuentros entre los rehundidos paralelos con el arco inferior. Los restos originales han servido como punto de partida, aunque la escasez de los mismos posibilitaba tantas variaciones como dudas a la hora de plantear su reconstrucción.

Aun así, el lunes al subir al andamio, quizás lo más llamativo fue encontrar la hornacina vacía; la ausencia de la talla de san Pedro.

La figura, con su cuidada iconografía, ejemplifica los nuevos postulados estéticos y morales del barroco. Uno de sus pies aparece sobre una barcaza, cuya roda marca una rotunda división geométrica del volumen de la popa. La posición da lugar al movimiento de toda la figura, forzando el contrapposto de la anatomía. Esta posición rompe la visión frontal y genera una serie de pliegues en su vestimenta, produciendo un contrastado juego de luces y sombras muy del gusto barroco. En su mano derecha sostiene un libro mientras que en la izquierda, situada sobre su pecho, exibiría las llaves su principal emblema personal.

También en la fachada principal vemos otra imagen de san Pedro, esta vez del siglo XIV. Si nos detenemos un momento en ella, podemos hacer una rápida comparación entre ambas figuras comprobando el cambio formal que se produce desde la alta edad media hasta el barroco.

En la escultura de la fachada principal, el apóstol está representado frontalmente, con esa suave curva que parece balancear la figura y que evoca a las esculturas borgoñonas. Aparece ataviado con la túnica junto a su clámide. Así pues, es muy probable, que quien esculpió estas figuras de la fachada, conociese de primera mano uno o varios originales romanos. La figura muestra cierto hieratismo, como corresponde a la posición social del santo episkopos. Ambas manos se han perdido, son reposiciones modernas, y no conservan los emplemas propios -y necesarios- para su identificación iconográfica, que realmente deducimos del contexto.

En la portada trasera, la escultura responde a esa nueva visión estética propiciada por el catolicismo postrentino. Por eso a Pedro, en este momento, ya no se le representa como al primero de los obispos, sino como un evangelizador, un pescador de almas; y se sustituye el atuendo romano por un hábito similar al empleado por las órdenes religiosas. Y esto último tampoco es casualidad, sino que obedece a una nueva concepción visual del catolicismo que surge precisamente a partír del Concilio de Trento.

Como sucede en la actualidad, los iconos se utilizan para lo que se quiere expresar y, en ese caso, la barcaza, la vestimenta, y la figura termina enunciando lo que ya era la doctrina expansiva de la iglesia contrarreformista.

Al finalizar la semana concluimos la limpieza de la mampostería de ladrillo. Dentro del tímpano se han realizado una serie de pruebas mediante las que establecer el método de limpieza adecuado para la intervención sobre la arenisca con la que se edifica la portada.

31 de mayo

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14 de junio

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28 de junio

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12 de julio

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19 de julio

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26 de julio

6 de agosto

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