Estudio arqueológico de la base del arcosolio

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Jorge Díaz de la Torre

La intervención arqueológica consistió en la apertura de un sondeo que, finalmente, y por las limitaciones del lugar en el que se procedió a excavar terminó teniendo unas dimensiones de 2,36 m. en su eje este-oeste por 1,40 m. por el opuesto. Pero este tamaño no correspondió al espacio real abierto ya que existieron limitaciones que conllevaron que la zona efectivamente abierta tuviera un tamaño de 2.06 m. en su eje principal por 1,10 m. Las limitaciones fueron:

  1. Aparición de una manguera soterrada de suministro eléctrico por el flanco norte.
  2. Mantenimiento de un argamasón de yeso en el ángulo sureste.
  3. La base del paramento que servía de límite meridional engrosaba a medida que se iba descendiendo como cimentación que era.
  4. Mantenimiento de unas hiladas de ladrillo localizadas en el flanco oriental.

listado de unidades estratigráficas

U.E. 1. Suelo de piedra existente como pavimento de uso en el momento previo a la intervención.

U.E.2. Posible base de altar en ladrillo macizo aparecido por debajo de los anteriores. En esta unidad. Se diferenció U.E. 2.a. que corresponde a la base de ladrillo y U.E. 2.b. que es la base de losas de piedra reutilizadas.

U.E. 3. Nivel de tierra de que se extendía por toda la zona delantera, por debajo del suelo de piedra y que rodeaba la base del altar.

U.E.4. Suelo de mortero o preparado de este material localizado en vértice sureste.

U.E. 5. Nivel de tierra parda en contacto con el sustrato geológico.

U.E. 6 y 7. Zanja abierta en el flanco norte y manguera insertada (conducción eléctrica).

descripción de la secuencia estratigráfica

U.E. 1. Suelo de piedra existente como pavimento de uso en el momento previo a la intervención.

Localización. Se trata del suelo que se extendía por toda la superficie del templo. En el caso de la zona analizada, se había producido una adaptación al bien analizado.

Descripción. El suelo analizado estaba formado por losas de granito (podrían ser de canteras de la zona de Cardeñosa habida cuenta en grano fino y algunos documentos existentes acerca de los solados hechos con este material).

En general, las piezas de piedra tenían unas dimensiones de 58 cm. de longitud por una anchura de unos 28 cm. Su grosor era más variable ya que presentaban buzamientos y no una talla homogénea en la zona que quedaba enterrada.

La distribución de las piezas tiene que ver con la localización de una suerte de marco para rodear el altar en cuestión. Por ello, una serie de cuatro piezas cerraban el recuadro por el norte y otra serie por cada uno de los flancos oeste y este por tres piezas a su vez. Todo ello formando un perímetro para adaptar el suelo de piedra al retablo allí situado.

Cotas de aparición. El punto 0 de la intervención se colocó en uno de estos sillares, concretamente el situado al oeste de la zona intervenida. Por ello, las cotas apenas variaban respecto a este punto. El extremo oriental o el meridional de este suelo parecían estar a cota habida cuenta de que se trata de un suelo y no se habían producido hundimientos del mismo.

Relación dentro de la secuencia. Conformaba el nivel inicial de la secuencia y se apoyaba sobre la unidad estratigráfica de tierra U.E. 2.

Cronología. Otras zonas del templo habían sido soladas con baldosa contemporánea e, incluso, se habían reubicado las losas de granito en ciertos puntos. En este caso parece que forma parte del conjunto que se extiende por buena parte del templo. Posiblemente se pueda localizar en documentación publicada la fecha exacta en la que se coloca este suelo pero, sin ella, no es posible concretar más aunque su adaptación al altar debería ser posterior al S.XVIII. Pudo ser construido entre el S.XVIII y XIX.

U.E.2. Posible base de altar en ladrillo macizo aparecido por debajo de los anteriores. En esta unidad. Se diferenció U.E. 2.a. que corresponde a la base de ladrillo y U.E. 2.b. que es la base de losas de piedra reutilizadas.

Localización. Se aprecian los dos extremos de una línea de ladrillos que irían de oeste a este, en el centro del sondeo abierto.

Descripción. Se trata de una alineación de ladrillos pero éstos no están completos sino seccionados. Los tramos más largos miden 17 x 9 cm. y no es posible asegurar si, ésta era la fábrica, o es resultado de la destrucción de esta línea de ladrillos.

En el extremo oeste se conservaban cuatro de estos ladrillos dispuestos en dos bandas mientras que el oriental tan sólo se apreciaba uno de éstos. En todo caso, la dirección de los dos tramos coincidía y hacía considerar que se trataba de una línea que atravesaba el espacio de lado a lado.

Hay que interpretar que se trata de una base y que serviría para cimentar una estructura relacionada con la existencia del altar, posiblemente un altar en sí. Quizás sea la evidencia de que se habían superpuesto dos altares consecutivos en este mismo arcosolio. Ello puede ser tenido en cuenta a la hora de conocer la evolución de este espacio.

Cotas de aparición. Las cotas superiores de la estructura se situaban a pocos centímetros del suelo de piedra. De hecho, parecía que éstas apoyaban directamente sobre ellas. Por tanto, se localizaron a -0,12 m. aproximadamente.  a cota 0 ya que la base se localiza al ras del pavimento de baldosas de piedra.

Relación dentro de la secuencia. Hay que partir que la construcción de U.E. 1 pudo suponer la destrucción parcial de esta estructura de ladrillo ya que, lo que se apreciaba en la secuencia, es que alguna baldosa de piedra se apoyaba directamente en el ladrillo.

Cronología. Anterior al S.XVIII.

U.E.3. Nivel de tierra de que se extendía por toda la zona, por debajo del suelo de piedra y que rodeaba la base del altar.

  • Localización. Se extendía por toda la superficie abierta excepto en el extremo norte donde se localizaba la manguera eléctrica.
  • Descripción. Se trata de una capa de tierra, de tonalidad pardo clara que se extiende por la totalidad de la superficie en la que se había dispuesto el suelo de piedra, sirviendo de base al mismo. Su potencia media es de unos 45 cm.

Se apreciaban algunos restos de ladrillo muy fragmentados y de pequeñas dimensiones, de 4 a 8 cm. que parecían responder a fragmentos de ladrillo macizo. No se localizaron restos de interés arqueológico.

  • Cotas de aparición. Sus cotas superiores eran de -0,45 a -0,52 por unas inferiores de -0,66 m. a -0,72 m.
  • Relación dentro de la secuencia. Rellenaba la fábrica rota de U.E. 2y servía de base al suelo U.E. 1.
  • Cronología. Este relleno sirvió como base del suelo y para colmatar la totalidad de esta zona por lo que se dataría con posterioridad al pavimento de piedra pero pudo ser el relleno de toda esta zona que supuso el sellado de los restos de la estructura de ladrillo U.E. 2.

U.E.4. Argamasón de mortero o preparado de este material localizado en vértice sureste.

  • Localización. Se localizaba en el extremo sureste
  • Descripción. Se trata de los restos de un argamasón compuesto de cal, de mortero de cal que tuvo que tener una función como asiento de alguna estructura aérea o bien pudieran ser lo que ha pervivido de un solado aunque este extremo resulta menos plausible ya que no se localizan restos de este mortero en el resto de la zona excavada.

Sus dimensiones son de 64 cm. en un eje oeste-este por 60 cm. en el opuesto. La evidencia de que se trataba de un resto estructural hizo que se mantuviese sin alterar ni desmontar por lo que no es posible determinar su grosor.

  • Cotas de aparición. Sus cotas de aparición rondaban -0,14 a -0,20 m. sin que pueda precisarse unas cotas inferiores puesto que la excavación del terreno se interrumpió en este nivel.
  • Relación dentro de la secuencia. Resulta evidente que nos encontramos ante los restos de un apoyo que quizás se localizase puntualmente en este punto. El que no se conserve más que en una zona lateral se debería a los movimientos de tierra o bien a su existencia puntual en este lugar. En todo caso, no se pudo documentar la existencia de interfacies que indicaran la sección de este mortero de cal: por encima de ellas se localizaba el relleno general de la zona y no se pudo documentar lo existente en cotas inferiores.
  • Cronología. No se trataría de un pavimento como tal: el material no es el adecuado al descomponerse con facilidad por lo que, debe pensarse, que se trataría de la base de una estructura que, en estos momentos, no resultaba identificable pero que, quizás, formase parte de la estructura del altar, quizás de un altar previo al reconocido.
  • Cronología. No es posible asegurar la datación de este resto de mortero ya que podría responder a un apoyo de una estructura aérea que fuera el altar que se pudo reconocer al inicio de la intervención o bien de uno previo que hay que pensar que existió previamente.

U.E. 5. Nivel de tierra parda en contacto con el sustrato geológico.

  • Localización. De una forma muy residual se identificóeste nivel de tierra en las cotas más bajas excavadas de este sondeo. Hay que tener en cuenta la alteración de la secuencia por diferentes remociones limitaron el espacio útil en las cotas más bajas.
  • Descripción. Esta tierra de tonalidad marrón, textura arenosa y no excesiva compactación apareció en la zona rebajada. Hay que considerar que el sondeo había visto reducida considerablemente su superficie por la aparición de la manguera eléctrica, el argamasón, los restos de ladrillo, etc.

La distribución del nivel de tierra en las cotas finales del sondeo parecía responder a una alteración longitudinal en dos bandas con una central que no se llegó a rebajar restando a mayor altura.

La principal conclusión extraída de la excavación de esta unidad fue que se localizaba en una zona de enterramientos ya que, en toda su traza, se localizaron e identificaron muestras de restos óseos intercaladas. Su estado resultaba fragmentado y, al mínimo contacto, se disgregaban por lo que fue imposible recoger muestras significativas. Además, no se encontraban en conexión anatómica lo cual indicaría que la zona había sido utilizada como osario, removidas las tierras en diferentes momentos.

  • Cotas de aparición del sustrato geológico. Se alcanzaron cotas de -0,90 m. a 0.94 m. respecto al punto 0 en el extremo sur del sondeo y de -0,97 a -0,95 m. al norte de la cata. En la zona central no se llegó a esta profundidad en la franja con cotas de -0,56 m.
  • Relación dentro de la secuencia. El hecho de que el muro de cierre meridionalcerrase el sondeo por este extremo hizo que de forma paralela se apreciase un cambio que estaría relacionado con la existencia de una zanja de cimentación del paramento. El relleno de esta interfacies no se diferencia del resto de la secuencia. Por su parte, por el norte se pudo dar la alteración de la instalación de la manguera pero no parece que llegase hasta el propio sustrato geológico.

Por otro lado, la presencia de restos óseos humanos viene a demostrar la existencia de enterramientos en esta zona. Estas tumbas pueden asociarse a que todo el subsuelo del templo (especialmente el entorno del altar) se encontraba lleno de este tipo de tumbas o bien a que, en la base de este altar, las hubo y pudieron estar relacionadas con el mismo.

  • Cronología. Este nivel supone el nivel más antiguo de la secuencia aunque muy alterado por remociones posteriores. Si fue cortado por el paramento del templo si estaríamos ante un nivel terroso bajomedieval aunque no se reconocieron materiales arqueológicos que así lo indicasen.

U.E. 6 y 7. Zanja abierta en el flanco norte y manguera insertada (conducción eléctrica).

  • Localización. Flanco norte del sondeo abierto. La manguera recorría de oeste a este la zona, a unos 20 cm. del perfil norte.
  • Descripción. Se trata de una manguera de plástico, entendida como un conducto, en cuyo interior se dispondría cableado eléctrico. En la parte superior se identificó arena, que se asoció a la práctica habitual de rodear estos tubos con arena para evitar conectividades y un precinto amarillo que marcaba su devenir, previniendo que se vaciase la zona sin conocimiento de su existencia.

La inserción de este tubo implicó el desmontaje del suelo de piedra y de parte de las unidades subyacentes hasta cotas de unos 35 cm. de la superficie y su posterior colocación. La excavación de esta zona hubo de dejarse a 70 cm. de cota al no poder realizar el consiguiente rebaje por debajo de esta manguera.

  • Cotas de aparición. La manguera apareció a -0,32 m. de la superficie.
  • Relación dentro de la secuencia. Se trata de una unidad más moderna de las analizadas en esta secuencia. Su inserción supuso el desmontaje de U.E. 1 y su recolocación, pero también la remoción de U.E. 2 por este extremo y, posiblemente, de la unidad subyacente U.E. 5. Parece que no alcanzó el nivel de enterramientos registrado en las cotas más bajas.

materiales arqueológicos

No se registraron materiales arqueológicos en el seguimiento arqueológico si exceptuamos los restos óseos localizados en la última de las unidades terrosas registradas en el sondeo. Se trataba de restos tan sumamente fragmentados que apenas pudieron identificarse, limitándose al arranque de algún hueso o cabeza de fémur, pudiendo asegurar que se trataba de huesos humanos.

Todo ello respondía a la realización de remociones de tierras en este punto bien por la inserción de un altar más moderno bien por la inserción de la manguera de electricidad que recorría el flanco norte. Estos movimientos hacían que la tierra apareciera totalmente suelta y sin compactar. A todo ello hay que unir una considerable humedad lo que hacía que estos restos, ya de por si desmenuzados, al contacto se deshicieran.

Su precario estado de conservación y el que se considerara que su atribución no resultaba definitoria para la caracterización de la secuencia subyacente, hizo que se decidiera que restasen en la ubicación en la que habían aparecido.

conclusiones a la intervención arqueológica

La intervención arqueológica iba dirigida a intentar localizar evidencias que indicasen que, este lugar, estuvo ubicado la escultura yacente del Hombre de Piedra. A partir de la primera fase de intervención en la iglesia, el equipo de restauradpres que desmontaron la figura, realizaron esta hipótesis basada en diferentes evidencias que incluían la opinión de algunos autores que habían tratado sobre el tema. El desmontaje del retablo existente en el arcosolio y tras el que se apreciaban pinturas murales, resultaba fundamental para cimentar esta hipótesis de trabajo. Y la realización de un sondeo en la base, también podía aportar alguna luz.

Tras la fase señalada, el que suscribe incluyó en la memoria de los trabajos el siguiente párrafo: “Parece inminente que se efectúen catas en el que hubo de ser el emplazamiento primigenio del sepulcro y que se devuelva su razón de ser al arcosolio allí existente así como las pinturas que lo cubren. Sin duda, esta intervención proporcionará información adicional acerca de las fases cronológicas de este magnífico templo.

Y así se hizo como se ha expuesto en este informe. Sin embargo, también se puede apreciar como el sondeo no proporcionó ninguna evidencia en ninguno de los dos sentidos, bien que este fuera el emplazamiento original bien que se hubiera trasladado en algún momento a esta suerte de capilla.

La secuencia estratigráfica aparecía muy alterada por la zanja de cimentación del muro del templo así como por la inserción de un tendido eléctrico y por varias remociones de tierra llevadas a cabo en diferentes momentos, llegando a disgregar los restos óseos humanos que se esparcen por cotas inferiores. Sin duda se trató de un espacio funerario, quizás en el propio del conjunto del templo que aparece lleno de sepulturas, en especial, en la cabecera, bien porque este arcosolio funcionara como una capilla funeraria, algo que podría fundamentar la existencia de un sepulcro.

Cuando se efectúa una intervención, a veces, se consideran resultados negativos cuando no aparecen evidencias claras de ocupación/utilización. En realidad, el que una secuencia esté “limpia” es, en sí misma, positiva ya que está demostrando algo aunque sólo sea que nunca hubo una determinada ocupación en ese lugar. En el caso que nos ocupa sucede esto mismo: no ha deparado indicios de que en este lugar hubiera estado instalado el sepulcro y la figura yacente, sin que ello sea definitorio para tomar una decisión sobre su emplazamiento final. Pero si se ha podido apreciar cómo se trata de un lugar en el que se han dado diferentes remociones que han alterado la secuencia hasta difuminarla. También se debe partir de que el sondeo tuvo unas dimensiones muy reducidas y unas limitaciones espaciales por la aparición de un argamasón que no se debía desmontar o la manguera de cableado eléctrico.

Como conclusión general a la intervención efectuada cabe decir que el templo atesora un patrimonio mueble excepcional que, quizás, no se ve reflejado en su fisonomía, en especial al exterior. Ello en parte se debe a reformas y añadidos sucesivos. Es por ello y porque su origen es indudablemente medieval, por lo que se debería profundizar en extraer las huelas palpables de su estado primigenio, cuando fue torre defensiva altomedieval o atalaya, su etapa románico-mudéjar o la posible portada gótica en ladrillo. Hay indicios en sus paramentos de estas etapas edilicias que pueden vislumbrarse con catas tanto en sus bases como en los revestimientos que los cubren.

consideraciones acerca del sepulcro y su localización

El fin de la intervención arqueológica en esta fase pero también de la anterior era conocer la estratigrafía subyacente pero, de igual manera, intentar averiguar cómo fue la organización espacial del templo en momentos precedentes ya que existen numerosas lagunas que deben ser aclaradas para poder acometer la restauración y restitución de elementos y que éstos respondan a una lógica distributiva.

La principal luz acerca de todo ello la puede aportar el análisis “in situ” de los dos puntos más conflictivos: el lugar en el que se había conservado la estatua yacente y el emplazamiento donde se supuso que había estado en origen.

La intervención arqueológica no ha podido esclarecer tales dudas pero vamos a exponer varias hipótesis que pueden ser líneas de investigación válidas.

Ante lo documentado, se abren distintas hipótesis acerca del emplazamiento de la escultura yacente u Hombre de Piedra. La ausencia de evidencias que demuestren que, en origen, se emplazara en el lugar de intervención con esta fase, hace que se pueda seguir conjeturando con otros emplazamientos como pudiera ser el propio donde se encontraba aunque, quizás, sensiblemente transformado.

el Hombre de piedra como cama sepulcral exenta

Desde estas notas se quiere esbozar otra nueva hipótesis y es que la escultura yacente fuera exenta, que ocupase un lugar central dentro de la capilla funeraria y que una ulterior remodelación, la empotrase en el arco que la acogió hasta la fase anterior y que, el marco de azulejos, se recolocase de una forma alterada. Se pasan a enumerar argumentos que podrían refrendar esta opción:

  1. En las capillas era habitual disponer en un lugar central el sepulcro y sucorrespondiente escultura yacente. De esta forma, el espectador podíarodear el sepulcro y así admirar la obra. El artista realizaba su tallacomo una escultura exenta, por todos sus contornos. Si el encargo hubierasido para una pieza que se iba a adosar a un muro o restar dentro de unarco, el artista no tenía por qué haber trabajado el costado que iba aquedar oculto.
  2. Este tipo de esculturas se tallaba en taller y después se transportaba hasta su emplazamiento. Los condicionantes que recibía el escultor serían las propias de las medidas de la ubicación final así como las propias del representado: fisonomía e indumentaria. Si el promotor de la capilla contrató los servicios de Nicolaso Pisano en Sevilla y éste envió su obra para que fuera ensamblada en Flores, la procedencia de la escultura puede resultar de lo más variada. No había un condicionante geográfico de proximidad.

Aunque el autor de la escultura recibió las medidas, es factible que no supiera con exactitud el marco en el que iba a ser insertada. Hay una característica muy habitual en estas obras y es que el rostro del representado se giraba sensiblemente hacia el espectador. Así, aquellos que lo contemplarían, podían ver la labor retratística ejecutada. De mirar hacia arriba, se perdería parte de esta imagen. En nuestro caso, la escultura gira ligeramente hacia el lado de la pared, algo poco comprensible para la iconografía anteriormente mencionada.

Si partimos de que el sepulcro estaba ya construido en 1520 y que Pisano efectúa a continuación su labor, bien pudo haber cierta comunicación para concretar los temas que se iban a recoger (indudablemente dispuso de medidas, escudo heráldico, identidad del finado, motivos que se querían representar, etc.).

  • Si la hipótesis de que se trata de un enterramiento exento fuera plausible, este monumento correspondería a una cama sepulcral exenta que es una derivación de la lápida sepulcral cuando ésta, progresivamente, va adquiriendo un mayor desarrollo por que los relieves adquieren más protagonismo. Por el contrario, si el Hombre de Piedra fue concebido para ocupar el arco donde se localizó, estaríamos ante un sepulcro mural en nicho, concebidosen profundidad e implicando la apertura de un arco en la pared, practicado en el muro del templo, en el que se introduce una cama sepulcral sobre la que se ubica la figura del difunto.

El frente de la cama o arca se alinea con respecto a la superficie exterior de la pared y se decora con motivos de diversa índole: figurados, heráldicos o epigráficos. Por encima de la cama, los muros y la bóveda del nicho pueden ser revestidos con ornamentación esculpida o pintada. Es aquí y en el muro frontero, donde interviene el trabajo de Pisano.

el sepulcro originalmente localizado en el flanco norte

En este caso, la hipótesis sería la de que el sepulcro, localizado en la que podríamos llamar capilla de los Flores, estuviera situado en su lugar original.

  • Un dato importante a tener en cuenta también en la escultura funeraria es la orientación de los enterramientos que van a tratar de dirigirse hacia el Este cuando el espacio lo permita siguiendo la misma orientación que las iglesias porque es el lugar por donde sale el sol que renace cada día, símbolo de la Divinidad y alusión clara a la resurrección. Si la propia disposición de la capilla no posibilita esta orientación, entonces el difunto se coloca mirando al altar del panteón. Por tanto, la disposición en el flanco norte sería idónea para la disposición de la tumba. La opuesta, en el arcosolio objeto de intervención, también lo podía ser pero, indudablemente, no estaba tan centrada ya que existiría ya en esta época un gran pilar de las arcadas de piedra que delimitan las naves del templo y que serían levantadas en el S.XVI cuando el templo alcanza sus grandes dimensiones actuales.
  • No existe una relación iconográfica clara entre la escultura yacente que nos ocupa y una escuela como pudiera ser la toledana[1] o, sobre todo, la burgalesa que irradia a todo el territorio castellano. Tampoco Ávila constituyó un gran centro artístico de este tipo de sepulcros. Sólo la Catedral aglutina una gran concentración de sepulcros. Una característica de los sepulcros que encontramos en la catedral de Ávila es que no hay sepulcros exentos por las estrictas normas que marcaba el cabildo catedralicio, a lo que ayudó una renovación importante en la fábrica del templo en el siglo XV llevada a cabo por el obispo Alonso Carrillo que buscando la luminosidad se dedicó a derribar muros y bóvedas, con el consiguiente traslado de sepulcros de su ubicación original.

Actualmente, no existe ningún sepulcro “centrado” en la Catedral abulense ya que todos fueron desplazados hacia los muros perimetrales. Eso hace una parte de las esculturas no quede visible al estar adosada a la pared. Evidentemente no fueron talladas con esa intención: el artista podría haberse ahorrado el perfilar y tallar estos costados si la escultura iba a pegarse a la pared. Y no es el caso.

El Hombre de Piedra fue tallado como una escultura que pudiera verse por todos sus contornos, pudiéndose rodear por todo su perímetro por parte del espectador. El artista no recibió instrucciones que estos no fuera así aunque, lo normal, es que supiera donde iba a ser colocado. Cabría, por supuesto, la posibilidad de que, en un momento dado, se le dispusiera adosado al muro norte y circundado por toda la decoración de azulejería.

  • Hay una circunstancia que no se ha tenido demasiado en cuenta a la hora de calibrar en qué emplazamiento se situaba el Hombre de Piedra y que es la localización de la cripta. En la primera fase de intervención en el templo, se realizó el “redescubrimiento” de esta cripta que se localiza en un espacio central de la capilla en la que se localizaba la escultura yacente.

Objeto de una restauración reciente en cuanto a su acceso, se localizaron restos óseos humanos en su interior que, en algún momento, pasó a ser una suerte de osario puesto que estos restos correspondían a varios individuos pero sin coincidencia en el número de, por ejemplo, cráneos con fémures.

Este subterráneo está perfectamente alineado respecto al espacio donde se ubica y, resulta indudable, que se construyó a partir de que el flanco norte del templo, ya se habría levantado aunque no es posible asegurar si fue de forma simultánea o con posterioridad. En todo caso, se trata de un ámbito funerario reservado a personajes de cierta condición social, aquellos que posiblemente subvencionaron su construcción. Partiendo de ello, resulta bastante lógico considerar que los Flores u otra familia de abolengo tenía su derecho sobre esta cámara y que, también, ocuparían la zona superior donde se localizaba la escultura yacente.

Normalmente, este derecho sobre una capilla, se adquiría mediante una donación y suponía el pago de una renta anual. Aquellos arrendadores pasaban a ornar su espacio con retablos, esculturas y otros bienes muebles. Cuando se dejaba de pagar estas rentas, otros interesados podían ser renteros lo que suponía que la capilla se renovaba con nuevos elementos aunque, los restos óseos y las propias tumbas, no eran “mondadas” sino que restaban “in situ”.

Si en principio el difunto era sepultado en el interior del sepulcro, más tarde esta costumbre se fue abandonando, sobre todo en aquellos casos en los que la capilla contaba con una cripta en la que alojar al cadáver[2]. Quedaban así estas joyas escultóricas exclusivamente como un memorial. Prueba de ello es la colocación del yacente sobre la cama sepulcral, es decir, en la parte visible al espectador, donde se muestra incorruptible al paso del tiempo, diferente a lo que debía ocurrir con el verdadero cuerpo. Su ubicación, además, permite desarrollar amplios programas iconográficos en sus cuatro frentes, que no hacen más que reforzar el deseo del finado de lograr la fama póstuma, la inmortalidad social. Era en estos sepulcros donde mejor podían demostrar su destreza los escultores: su ubicación exigía una finura y minuciosidad innecesarias en la escultura monumental, porque estaban concebidos para ser vistos de cerca, circunstancia que propició la existencia de “imagineros” especializados en esta escultura

el Hombre de piedra ocupó el acorsolio

La costumbre de encargar sepulcros ostentosos fue una práctica habitual entre los más pudientes para asegurar su fama póstuma. Ese afán de los más privilegiados por diferenciarse del resto de la sociedad, incluso en el ámbito de la muerte, se vio reforzado con la utilización repetitiva de emblemas heráldicos que daban buena cuenta del linaje al que pertenecía el difunto o el que él mismo había fundado. Pero la construcción de los monumentos funerarios no sólo tenía una función simbólica, sino que respondía a una funcionalidad: marcar el lugar preciso al que tenían que asistir los familiares para mantener unidos sus lazos[3].

En definitiva, la existencia de una cripta subterránea y un sepulcro en la parte superior podrían tener una relación directa bien a nivel de patrocinio o de lazos familiares. Entraría en este punto el averiguar si el sepulcro del caballero era tal y en su base se localizaban restos humanos o se trataba de una lauda pero sin enterramiento y éste se ubicaba realmente en el subsuelo. Este extremo, eso sí, no suele ser habitual aunque si hay ejemplos de sepulcro mural en nicho sin difunto, por ejemplo, en Extremadura (por ejemplo, el sepulcro de Inés de Aldana (Convento de San Pablo, Cáceres), del siglo XVI y de granito; o el extraordinario enterramiento de Sancho de Figueroa (Iglesia de Santiago, Cáceres), igualmente de granito y del siglo XVI.

La iglesia de Flores de Ávila no era un templo con una gran demanda de espacios funerarios pero si contó con mecenas y protectores que propiciaron que se convirtiera en un gran templo con patrimonio mueble sobresaliente. Y estos benefactores, en última instancia, lo que demandaban era tener su propio espacio en el interior y, en especial, para enterrarse en el mismo.

La proliferación de capillas de uso particular, de tumbas de principales y demás va a llevar a tensiones entre el clero y los nobles siempre partiendo de las contrapartidas económicas que el Obispado obtenía.

En lo referido a los sepulcros, se intentará evitar su proliferación y el que ocupen espacios cada vez con más protagonismo. Por ejemplo, los contratos de obra se convierten en documentos clave para explicar este cambio de ubicación, como se advierte en el estipulado para la realización del sepulcro de Don Pedro de Castilla y Doña Beatriz de Mendoza en la iglesia de San Lorenzo el Real de Toro (Zamora), donde se establece que “no se puedan poner bulto o bultos algunos altos que impidan con monumentos algunos la dicha capilla, e que bultos algunos se ovieren de poner y pongan arrimados a las paredes de la dicha capilla…metidos por manera que en la dicha capilla non aia enbarazo alguno[4]

  • Para responder a esta realidad se conforman los lucillos como sepulcros abiertos en los muros laterales, por lo que no obstaculizaban el espacio ni la visibilidad de las ceremonias. Habitualmente los lucillos quedan enmarcados por grandes arcos, estructura que nos conduce a sus antecedentes más remotos también en los arcosolia de las catacumbas romanas, en la arquitectura funeraria paleocristiana.
  • En ocasiones puede ocurrir que el sepulcro pertenezca a la época gótica pero que, por diversos motivos, haya tenido que ser trasladado y colocado en un arcosolio de época posterior, normalmente de estilo plateresco: es el caso de los enterramientos sitos en la Capilla de los Reyes Nuevos, en la catedral de Toledo[5].
  • Un argumento de gran interés para relacionar el arcosolio con un lugar funerario es la decoración del mismo. Ésta, que circunda el altar, es un dintel y pilastras encaladas, trabajadas con labor de “candelieri”, frontón triangular avenerado, rematado con tres grandes medallones laureados que contienen los bustos de dos caballeros y una dama. Todo ello parece ser obra del mismo autor del único sepulcro renacentista que se conserva del monasterio de La Mejorada en Olmedo (Valladolid)[6].

Resulta muy lógico pensar que si un artista lleva a cabo este elemento decorativo en ambos templos, muy similares en cuanto a forma y decoración y en uno de ellos, el vallisoletano, éste es ocupado por un sepulcro, también lo fuera en el caso del abulense.

una referencia documental

La labor realizada por los restauradores en esta segunda fase de intervención resulta fundamental para la consideración final. Sin conocer sus conclusiones finales, el desmontaje del retablo no había evidenciado de forma tajante que allí se hubiera colocado de forma primigenia, el sepulcro. Pero, la aparición de unos trazos de figuras pintadas al carboncillo que conforman una escena que tiene como centro una hornacina, bien pudieran ser la decoración aérea del sepulcro que se situaría en la base. En todo caso, la simple superposición virtual del Hombre de Piedra a este ámbito permitiría apreciar si realmente se acoplaba a esta decoración hallada.

Existen varias hipótesis de trabajo y aquellos autores que han tratado acerca de este sepulcro esgrimen argumentos bien a favor bien en contra de que ocupase su lugar originario. Son bien conocidas algunas de ellas pero añadimos aquí una que nos resulta muy esclarecedora y que no ha solido ser valorada. Es la aportada por Mª Jesús Ruiz-Ayúcar en su obra “La primera generación de escultores…”. La autora el sepulcro como de Andrés Martínez y señala que el sepulcro fue desmontado y colocado en la capilla del Rosario, de la misma iglesia, donde pudo verlo Gómez Moreno. Posteriormente se han vuelto a trasladar a su lugar de origen, en completo desorden, pero que todavía permite apreciar el arte del ceramista[7].

Esta afirmación de Mª Jesús posiblemente se deba a que apreció una merma en la disposición de la azulejería entre la descripción de Gómez Moreno y el estado en el que ella ve el sepulcro pero no se referiría al propio sepulcro que no consta que fuera trasladado y vuelto a disponer allí en el S. XX.

Lo más significativo de su anotación es lo que se recoge a continuación:

Aunque el profesor Gómez-Moreno se le informó que la fundación de la capilla de los Reyes fue en el año 1527, esta fecha corresponde solamente a la de una capellanía que se estableció por testamento del licenciado Diego de Flores, la fundación debió ser muy anterior pues, ya en 1516, el mismo Licenciado había dado para este altar un guadamecí y un frontal de damasco blanco con frontaleras de raso verde. Así mismo, en 1518, cuando se realizan ciertas obras en la iglesia se dice expresamente que … el altar de los Reyes se meta en la sacristía, para que venga con orden con el altar de Santa Catalina y si el patrón o patrones del altar de los Reyes quisiere hacer una bóveda, a la manera de capilla, como la de Santa Calina o mejor, se les da licencia para ello”.

Aunque no se cita a la escultura y si a un altar, lo normal es que ésta ya estuviera allí dispuesta si Pisano acomete su obra en 1520 y el sepulcro es previo. El permiso para construir una bóveda no sería utilizado por los promotores aunque queda claro que su capilla ya estaba reconocida y alineada con la colindante por el sur. Y las dotaciones de frontales para el altar hay que entenderlas como previas a la inserción de la azulejería.

Ya existían patrones anteriores a la capellanía que es fundada en 1527 por el canónigo de Sevilla Diego Flores que es el que costeó las obras y la capellanía en sí y sus hermanos Juana Díaz casada con el vecino de Macotera, Alonso de Cabria y Juan Machuca de Montenegro, también vecino de Sevilla.


[2] Morales Cano, Sonia. “Símbolos, formas y espacios de la escultura gótica funeraria en Castilla La Mancha: Toledo”. Ed. Universidad de Castilla La Mancha. Cuenca, 2010, p. 137.

[3] Morales Cano, S; “Símbolos…”, p. 105-106.

[4] Rodríguez, Mª., “Símbolos para la eternidad: Iconografía funeraria en la Baja Edad Media”, El mundo de los difuntos: culto, cofradías y tradiciones / coord. por Francisco Javier Campos y Fernández de Sevilla, Vol. 1, 2014, pp. 451-452.

[5] Morales Cano, S., “símbolos…”, p. 146.

[6] Ruiz-Ayúcar y Zurdo, Mª Jesús; “La primera generación de escultores del S.XVI en Ávila. Vasco de la Zarza y su escuela”. Vol. I y II. Institución Gran Duque de Alba. Ávila, 2009, p. 603.

[7] Idem., p. 245.


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