El monumental relicario realizado en platería para el Lignum crucis es obra del platero Pedro Benítez y el escultor Cristóbal de Honorato fechado en 1674. En su construcción se emplearon cien doblones de plata de a dos escudos. La plata aparece en forma de finas planchas batidas, aparte de los elementos macizos o integrando hilos metálicos, dependiendo de la función portante u ornamental de la pieza concreta.

Sobre una base lobulada cuya forma remite directamente al cuadrilobo fiorentino tardomedieval, surge un elemento troncocónico cubierto por plata calada y afianzado por ocho volutas. Alterna dos tipos de volutas con lóbulos de enroscas quebradas. Las volutas de menor tamaño nacen de espirales elípticas. En las simas alterna candelabros y floreros creando junto a los espacios vacios, llamativos juegos de luces y sombras. Un arca ovoide sirve como asiento para encaje de la cruz en cuyo crucero se aloja la preciada reliquia. De la propia cruz, emanan distintos elementos plateados emulando los destellos del nimbo crucífero.


El uso procesional del monumental relicario conlleva constantes vibraciones que terminan fracturando y produciendo pérdidas en las piezas más débiles. Al mismo tiempo, la propia platería ha sufrido otras mermas, aun cuando puedan ser consecuencia de desprendimientos involuntarios. La Guerra de la independencia, 1808 – 1814, junto al proceso de desamortización del liberal Juan Álvarez de Mendizábal, inciado en 1836, fueron lentamente menoscabando el patrimonio de la Cofradía de la Vera Cruz, ocasionando el expolio de la platería de la parihuela procesional del suntuoso relicario.
Las posteriores adicciones variaban la imagen primera del relicario, alterando, desde nuestro punto de vista, el sentido e utilidad de los candelabros e introduciendo elementos figurativos que de alguna manera distraían la atención de las partes barrocas. Por otra parte la limpieza de la plata como elemento de gran valor y alto brillo primó por encima de los elementos escultóricos o el propio dorado al agua . Esto originó que se aplicararan distintos repintes, cubriendo incluso las policromías de los querubines tallados.







A las intervenciones antrópicas se suman las interacciones entre los oxidantes, modulando la conservación del metal. Su estado de conservación obedece igualmente a unas circunstancias definidas por el entorno: un interior caracterizado por periodos húmedos. Sin embargo, no todos los procesos de alteración química degeneran en lesiones, puesto que existen transformaciones de las que surgen pátinas beneficiosas.







[en construcción]

