El retablo se realizó para acoger la talla de la Piedad traída desde los Países Bajos. La tremenda calidad entallado y esculturas, como la de san Jerónimo penitente, deja entrever la mano de Alonso Berruguete (1490-1561) quien desde 1523 ejercitó su oficio en Valladolid. El reetablo aúna la labor de los policromadores dirigidos por el pintor vallisoletano Antonio Vazquez, quién en 1541 realizó la pintura y dorado del mismo. El despliegue de técnicas pìctóricas, la diversidad de grutescos, el follaje habitado de los morescos que forma la tapicería de las hornacinas, y la precisión y refinamiento, son un ejemplo de la maestría alcanzada por los artífices castellanos durante el siglo XVI.

EStas son las imágenes finales después de la restauración.


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