El ala norte de la primera planta del Claustro de Reyes se edificó para albergar los aposentos privados de los Reyes Católicos y los primeros Habsburgo. Aquellas cinco estancias del Palacio de Verano fueron transformándose hasta casi su desaparición. Tan solo las techumbres con su elaborada ornamentación y el simbolismo de su lenguaje heráldico y ornamental evocan la compleja iconografía que en su día rodeaba a los príncipes renacentistas.

De todo este abanico decorativo resulta especialmente significativa la manera en la que los pintores introducen un lenguaje italianizante cuando la organización visual y cromática se fundamenta en el mudéjar peninsular.

Al comenzar el tratamiento, los alfarjes presentaban numerosas pérdidas debido a los sucesivos procesos de humectación producidos por la condensación del ambiente interior o la presencia de agua libre procedente de la techumbre. La policromía presentaba una tendencia generalizada a la pulverulencia.

Como dijimos las estancias habían sido utilizadas para usos muy diversos, llegando a utilizarse como hospedaje de la tropa napoleónica durante la guerra de la Independencia. Tras un periodo de abandono se derribaron los muros unificando el espacio de tres de las salas. La cubierta superior obedece a una reforma de mediados del siglo XX. Cada una de estas acciones constructivas fue ocasionando movimientos que, pese a la elasticidad de la construcción del alfarje, evidencia la posición de las piezas ocasionando vencimientos de algunos pares como se aprecia en las fotografías tomadas antes de la restauración. Al iniciar el tratamiento en las salas se exhibían parte de las colecciones de historia del arte e historia natural atesorada por los dominicos.


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